Análisis de la política de fichajes del Levante en los últimos años

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El problema que nos ocupa

El Levante ha batido la puerta de la inestabilidad financiera y deportiva con una rutina de fichajes que parece más juego de azar que estrategia. Cada temporada aparece un nuevo nombre, a veces con cláusulas que asustan a los contadores y, sin embargo, la directiva persiste. Los resultados en la tabla son la evidencia cruda: más descensos, menos puntos y una afición que ya no cree en la magia del mercado.

Patrón de contratación

Dos palabras: “corto‑plazo”. La mayoría de los contratos duran una o dos campañas, y cuando el jugador no rinde, la salida es rápida, como un tiro de esquina mal ejecutado. Además, el club ha preferido apuestas a jugadores de ligas latinas con historial irregular, en lugar de apostar por jóvenes seguros de la cantera española. La afición grita “¡más visión!” y la directiva parece escuchar otro idioma.

Dinero que se escapa

Los números hablan con claridad brutal. Los salarios promedio han subido un 35 % en los últimos cinco años, mientras que los ingresos por patrocinio apenas han crecido un 8 %. La brecha se financia con préstamos y venta de jugadores estrella en momentos críticos. Aquí está el truco: el club se empeña en pagar por rendimiento, pero el rendimiento no llega, y el ciclo se repite.

Errores de scouting

El scouting parece operar bajo la lógica del “todo es de oro”. Se han fichado mediocampistas que nunca superaron la segunda división, y delanteros que dejaron el gol en la bandeja. La razón, según fuentes internas, es la falta de análisis estadístico profundo y la dependencia de agentes que venden ilusiones. Cuando el técnico pide perfiles específicos, la respuesta es “no hay disponibilidad”, aunque la evidencia muestra lo contrario.

Impacto en la tabla

Los datos no mienten: cada temporada con más fichajes sin planificación, la posición media del Levante cae. En 2019‑20, tras una ola de llegadas, el equipo terminó 16.º. En 2021‑22, con pocos refuerzos, el club se quedó a 12.º, pero con una defensa más sólida. La moraleja: “más no siempre es mejor”, y la afición ya lo siente en la grada cada fin de partido.

Una ruta alternativa

Aquí está el trato: enfocar los fichajes en tres pilares – juventud, continuidad y valor de mercado. Contratar a jugadores de 21‑23 años con contrato de al menos tres temporadas, con cláusulas de salida solo en caso de oferta significativa. Además, fortalecer la red de scouting en Portugal y Países Bajos, donde el talento es asequible y la proyección clara. La directora deportiva y el entrenador deben sentarse semanalmente, revisar métricas de rendimiento y decidir en conjunto. No más decisiones aisladas.

El consejo directo: pon a prueba la política de fichajes con un sólo jugador clave que cumpla los criterios antes mencionados y mide el impacto en los próximos 10 partidos. Si los resultados mejoran, replica el modelo; si no, corta la corriente y vuelve a la mesa. Actúa ahora.